Escultura e instalaciones. 

La búsqueda de la sutileza en la escultura me ha llevado a desarrollar dibujos en el espacio utilizando varillas de acero, alambres, hilos y cables, materiales que permiten múltiples enfoques para pensar el volumen, el espacio y la especificidad del lugar. Estos dibujos espaciales, que retoma conceptos tradicionales del dibujo como la línea modulada, generan sombras y proyecciones que se convierten en parte integral de la obra, añadiendo nuevas dimensiones perceptivas.

Durante mi estancia en Londres, mi práctica encontró fuertes referencias en los mapas y redes de metro. Estos sistemas, tanto físicos como simbólicos, se convirtieron en una forma de pensar el movimiento, la orientación y las dinámicas sociales que se desarrollan bajo la superficie de la ciudad. La Serie de Mapas 3D, una composición geométrica laberíntica, surgió de nuestra relación con los mapas como herramientas para adentrarnos en nuevas culturas y navegar por estructuras sociales y económicas desconocidas. Estas obras evocan un entramado oculto o matriz conectiva que vincula espacios, cuerpos y experiencias. De esta investigación surgió el concepto de arraigo, estrechamente vinculado a la migración: el acto de desarraigarse del lugar de origen y reenraizarse en un nuevo territorio. Tanto en contextos urbanos como naturales, la noción de redes ha sido un hilo conductor en mi práctica. A través de líneas trazadas en el espacio, infraestructuras subterráneas o estructuras orgánicas formadas con ramas e hilos, mi obra explora cómo las conexiones visibles e invisibles moldean nuestra experiencia de lugar y pertenencia. Estas redes funcionan como sistemas de intercambio e interdependencia, revelando geografías relacionales, emocionales y espaciales que se extienden más allá de la arquitectura y el paisaje.

Desde que me mudé a Valencia, mi práctica artística se ha orientado cada vez más hacia el Land Art, impulsada por una conexión directa con el paisaje y la oportunidad de trabajar estrechamente con elementos naturales. Vivir en un entorno rural me animó a mirar hacia arriba, hacia el cielo y sus misterios. La ausencia de contaminación lumínica me permitió contemplar un firmamento claro y profundo, despertando una nueva sensibilidad y el deseo de incorporar materiales orgánicos a mi obra. Fue en este contexto que comencé a experimentar con cañas, ramas y piedras: materiales locales, flexibles y vivos que me permiten trazar formas en el espacio inspiradas en estructuras naturales y cósmicas.

Las constelaciones representan no solo la búsqueda de significado de la humanidad más allá de la Tierra, sino también nuestra necesidad fundamental de conectar, orientarnos y establecer relaciones en el espacio y el tiempo. Abordar estos conceptos desde perspectivas tanto materiales como simbólicas ha permitido que mi práctica escultórica se expanda hacia una dimensión más contemplativa, una que comprende el paisaje, el cuerpo y el cosmos como parte de una misma red interconectada.